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RTU de próstata: cuándo se indica y cómo es

  • Dr. Munir Tanous Russ
  • 19 jul
  • 5 min de lectura

Cuando se busca información sobre rtu prostata, normalmente existe una preocupación concreta: el chorro de orina ha perdido fuerza, cuesta empezar a orinar, hay que levantarse varias veces por la noche o aparece la incómoda sensación de no vaciar bien la vejiga. La RTU de próstata, también llamada RTUP o resección transuretral de próstata, es uno de los tratamientos quirúrgicos con más experiencia para resolver la obstrucción causada por un crecimiento benigno de la próstata.

No es una cirugía abierta. El urólogo accede por la uretra, sin incisiones en el abdomen, para retirar el tejido prostático que comprime el conducto urinario. El objetivo no es extirpar toda la próstata, sino crear un canal de salida más amplio para que la orina fluya con menor resistencia.

¿Qué es la RTU de próstata?

La RTU de próstata es un procedimiento endoscópico indicado sobre todo en hombres con hiperplasia benigna de próstata. Esta enfermedad no es cáncer: consiste en el aumento progresivo de la zona interna de la próstata, que puede estrechar la uretra y dificultar la micción.

Durante la intervención se introduce por la uretra un instrumento fino con cámara, denominado resector. A través de él, el cirujano retira de forma controlada pequeñas porciones del adenoma prostático -el tejido que está causando la obstrucción- y coagula los vasos sanguíneos para limitar el sangrado. El material extraído puede enviarse a análisis anatomopatológico cuando está indicado.

La técnica se realiza habitualmente con anestesia raquídea o general. La elección depende del estado de salud, los antecedentes médicos y la valoración del equipo de anestesia. Al terminar, se deja una sonda vesical temporal que permite el drenaje de orina y el lavado de la vejiga durante las primeras horas.

Cuándo se recomienda una RTU de próstata

Los síntomas urinarios no siempre exigen cirugía. Muchos pacientes pueden controlarse inicialmente con vigilancia clínica o medicación. Sin embargo, la RTUP cobra especial relevancia cuando los fármacos no logran un alivio suficiente, producen efectos secundarios mal tolerados o la obstrucción ya está causando complicaciones.

La necesidad de operar se valora de forma individual. Una próstata grande no obliga por sí sola a intervenir, y una próstata de tamaño moderado puede causar una obstrucción importante. Lo decisivo es relacionar los síntomas, el flujo urinario, la cantidad de orina residual tras orinar, el tamaño y la anatomía prostática, así como el impacto sobre la vejiga y los riñones.

Suele plantearse tratamiento quirúrgico en situaciones como retención urinaria recurrente o dependencia de sonda, infecciones de orina repetidas relacionadas con el vaciado incompleto, cálculos en la vejiga, sangre persistente en la orina de origen prostático o deterioro de la función renal asociado a la obstrucción. También puede ser una opción razonable cuando la urgencia, el esfuerzo para orinar y la nocturia condicionan de forma significativa la vida diaria.

Antes de decidir, es fundamental descartar otras causas de los síntomas. La infección urinaria, una estenosis uretral, una vejiga con mala contracción, determinados medicamentos e incluso enfermedades neurológicas pueden provocar molestias parecidas. Una buena indicación quirúrgica empieza con un diagnóstico preciso.

Estudios previos que ayudan a decidir

La valoración suele incluir historia clínica detallada, exploración física, análisis de orina y sangre, determinación de PSA cuando corresponde y ecografía para conocer el tamaño prostático y el residuo posmiccional. La flujometría permite medir la velocidad del chorro urinario y aporta información útil sobre el grado de obstrucción.

En algunos casos se requieren estudios adicionales, como cistoscopia o pruebas urodinámicas. No son necesarios para todos los pacientes, pero resultan especialmente útiles si existen dudas sobre la función de la vejiga, cirugías previas, sangre en la orina o síntomas que no encajan con una obstrucción prostática simple.

Cómo es la recuperación tras una RTUP

La estancia hospitalaria suele ser corta, aunque depende de la evolución clínica, el sangrado, las enfermedades asociadas y el tipo de procedimiento realizado. La sonda se mantiene generalmente entre uno y tres días. Mientras está colocada, es normal que la orina presente una tonalidad rosada o rojiza leve, sobre todo al inicio.

Tras retirar la sonda, puede haber escozor al orinar, necesidad de orinar con más frecuencia y pequeñas pérdidas de sangre o coágulos finos durante algunos días. Estas molestias suelen mejorar de forma gradual. El chorro urinario puede no ser perfecto de inmediato porque la zona operada necesita cicatrizar.

Durante las primeras semanas conviene mantener una hidratación adecuada, evitar esfuerzos físicos intensos y no realizar actividades que aumenten la presión sobre la zona pélvica. La fecha para volver al trabajo, conducir, hacer deporte o retomar relaciones sexuales debe ajustarse a la recuperación individual y a las indicaciones del urólogo.

Es importante consultar sin demora si aparece fiebre, incapacidad para orinar, sangrado abundante con coágulos persistentes, dolor intenso o empeoramiento claro del estado general. Una revisión programada permite comprobar la evolución y adaptar la medicación si es necesario.

Beneficios y posibles efectos secundarios

El principal beneficio de la RTU de próstata es el alivio de la obstrucción. Muchos pacientes experimentan una mejoría relevante en la fuerza del chorro, el esfuerzo al orinar, la sensación de vaciado y los despertares nocturnos. Cuando la obstrucción es la causa principal del problema, el cambio puede ser muy significativo.

Como cualquier cirugía, no está exenta de riesgos. Puede producirse sangrado, infección urinaria, retención temporal de orina, estrechamiento de la uretra o contractura del cuello de la vejiga. La necesidad de transfusión es poco frecuente, pero se valora con atención en pacientes que toman anticoagulantes o antiagregantes.

El efecto secundario sexual más habitual es la eyaculación retrógrada. Esto significa que el semen pasa hacia la vejiga durante el orgasmo en vez de salir al exterior. No suele alterar la sensación orgásmica ni la capacidad de tener una erección, pero sí afecta a la fertilidad natural y debe hablarse antes de la intervención si se desean hijos.

La disfunción eréctil puede ocurrir, aunque es menos frecuente y a menudo influyen factores previos como edad, diabetes, enfermedad vascular o función sexual antes de operar. La incontinencia urinaria persistente es infrecuente, pero merece una explicación clara en la consulta, especialmente en pacientes con alteraciones previas de la vejiga o antecedentes quirúrgicos.

RTU de próstata frente a otras opciones

La RTUP sigue siendo una técnica de referencia, especialmente en próstatas de tamaño pequeño o medio y cuando se busca una solución endoscópica eficaz con resultados conocidos a largo plazo. Sin embargo, no existe un único tratamiento ideal para todos.

Los medicamentos pueden ser apropiados cuando los síntomas son leves o moderados y no hay complicaciones. Su ventaja es evitar una intervención, pero requieren uso continuado y no siempre resuelven la obstrucción de forma suficiente.

Para determinados tamaños prostáticos y perfiles clínicos, existen alternativas mínimamente invasivas como REZUM. Puede preservar mejor la eyaculación en pacientes seleccionados, aunque el alivio no es inmediato y no todos los casos son candidatos. Por otro lado, la enucleación prostática con láser HoLEP permite tratar próstatas grandes con una extracción muy completa del adenoma y buen control del sangrado, incluso en algunos pacientes con tratamientos anticoagulantes.

La mejor elección depende del tamaño de la próstata, la presencia de lóbulo medio, el riesgo anestésico, los fármacos que toma el paciente, el deseo de preservar la eyaculación y la experiencia del cirujano con cada técnica. Comparar procedimientos solo por el tiempo de recuperación puede llevar a una decisión incompleta: también importan la durabilidad del resultado, el riesgo de reintervención y la seguridad en cada caso.

En Urología Mínima Invasiva, la valoración se orienta a identificar qué procedimiento ofrece el mejor equilibrio entre alivio urinario, seguridad y expectativas personales. Una decisión bien informada no parte del nombre de una técnica, sino de entender qué está causando la obstrucción y qué resultado espera cada paciente de su tratamiento.

Si orinar se ha convertido en un esfuerzo diario, no es necesario normalizarlo por la edad. Una evaluación urológica adecuada puede aclarar si la RTU de próstata es la opción indicada o si existe una alternativa más conveniente para recuperar comodidad, descanso y calidad de vida.

 
 
 

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