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Láser de próstata: cuándo es la mejor opción

  • Dr. Munir Tanous Russ
  • 5 ago
  • 5 min de lectura

Levantarse varias veces por la noche, tardar en iniciar la micción o sentir que la vejiga no termina de vaciarse no debería asumirse como una consecuencia inevitable de la edad. El láser próstata, aplicado por un urólogo con experiencia, permite tratar el crecimiento benigno prostático con un abordaje preciso, mínimamente invasivo y orientado a recuperar la calidad de vida.

La próstata aumenta de tamaño de forma progresiva en muchos hombres a partir de los 50 años. Cuando ese crecimiento estrecha el conducto por el que sale la orina, aparecen síntomas que pueden afectar al descanso, al trabajo, a los viajes y a la vida social. La buena noticia es que no todos los pacientes necesitan el mismo tratamiento y que, en casos seleccionados, la cirugía láser ofrece una solución duradera sin incisiones externas.

Qué trata el láser de próstata

El láser se utiliza principalmente para tratar la hiperplasia benigna de próstata, también llamada crecimiento prostático benigno. No es un tratamiento para el cáncer de próstata, aunque una valoración urológica completa debe descartar otras causas de los síntomas antes de indicar cualquier procedimiento.

La hiperplasia benigna no siempre da problemas. Sin embargo, cuando el tejido prostático obstruye la salida de la vejiga, puede provocar chorro débil, esfuerzo para orinar, goteo al finalizar, urgencia urinaria, aumento de la frecuencia y despertares nocturnos. En fases más avanzadas puede favorecer retención de orina, infecciones urinarias recurrentes, cálculos vesicales o deterioro de la función renal.

El objetivo de la cirugía no es eliminar por completo la próstata, sino retirar o vaporizar el tejido que está bloqueando el paso de la orina. Así se mejora el vaciado de la vejiga y se reducen las complicaciones derivadas de la obstrucción.

HoLEP: una técnica láser para próstatas de distintos tamaños

Entre las técnicas disponibles, la enucleación prostática con láser de holmio, conocida como HoLEP, destaca por su capacidad para tratar próstatas pequeñas, medianas y grandes. El procedimiento se realiza a través de la uretra, sin cortes en el abdomen. El cirujano introduce un instrumento fino con cámara y utiliza el láser para separar cuidadosamente el adenoma prostático, es decir, la parte interna que ha crecido y obstruye el conducto urinario.

Después, ese tejido se fragmenta y se extrae para su análisis. Este detalle es relevante: a diferencia de técnicas que vaporizan el tejido, HoLEP permite enviar una muestra a anatomía patológica. Aunque el crecimiento sea aparentemente benigno, analizar el material aporta información adicional y tranquilidad clínica.

La elección entre HoLEP, resección transuretral de próstata o RTUP, terapia REZUM y otras alternativas no debe basarse solo en el deseo de una recuperación rápida. El tamaño y la anatomía de la próstata, la intensidad de los síntomas, la presencia de lóbulo medio, la medicación habitual, los anticoagulantes, la función de la vejiga y las prioridades del paciente cambian la recomendación.

Cuándo valorar una cirugía con láser

Los medicamentos pueden controlar los síntomas en muchos casos, especialmente cuando son leves o moderados. No obstante, no reducen la obstrucción de forma definitiva en todos los pacientes y pueden ocasionar efectos secundarios. Si el alivio es insuficiente, los síntomas progresan o surgen complicaciones, conviene plantear una solución intervencionista.

La cirugía con láser puede ser una opción especialmente razonable cuando existe una próstata de gran tamaño, retención urinaria por obstrucción, infecciones repetidas, sangrado prostático persistente, cálculos en la vejiga o necesidad de retirar una sonda que se ha convertido en una dependencia. También se valora cuando un paciente desea dejar la medicación tras evaluar con realismo los beneficios y los posibles efectos del procedimiento.

No todos los síntomas urinarios proceden de la próstata. Una vejiga hiperactiva, una infección, una estenosis uretral, un cálculo o una alteración neurológica pueden producir molestias parecidas. Por eso, indicar un láser sin un diagnóstico preciso sería un error. La consulta debe incluir historia clínica, exploración, análisis de orina, valoración del PSA cuando corresponda, ecografía y mediciones del flujo urinario y del residuo que queda en la vejiga tras orinar. En situaciones concretas se solicitan pruebas adicionales.

Beneficios reales y límites del láser de próstata

La principal ventaja del láser de holmio es su precisión para retirar el tejido obstructivo y controlar el sangrado durante la intervención. Esto puede ser particularmente útil en pacientes que toman anticoagulantes o antiagregantes, aunque nunca se deben modificar estos tratamientos sin coordinación entre el urólogo y el médico que los ha indicado.

Frente a una cirugía abierta tradicional para próstatas muy grandes, HoLEP evita una incisión abdominal. Habitualmente se traduce en menor agresión quirúrgica, menor estancia hospitalaria y una recuperación inicial más rápida. Además, al extraer el adenoma de manera amplia, los resultados suelen ser duraderos.

Eso no significa que sea un procedimiento menor ni libre de riesgos. Requiere anestesia, una técnica depurada y seguimiento postoperatorio. Puede haber escozor al orinar, sangre en la orina durante los primeros días o semanas, urgencia urinaria temporal y, en una minoría de pacientes, incontinencia transitoria mientras el suelo pélvico se adapta. La recuperación depende de la situación previa de la vejiga, del tamaño de la próstata y de la complejidad del caso.

Un cambio frecuente tras cualquier cirugía desobstructiva es la eyaculación retrógrada. El orgasmo puede mantenerse, pero el semen pasa hacia la vejiga en lugar de salir al exterior. No es peligroso, pero afecta a la fertilidad y debe explicarse antes de decidir. La función eréctil suele preservarse, aunque cada caso exige una valoración individual, sobre todo si ya existían dificultades de erección.

Cómo es el proceso antes y después de HoLEP

La preparación empieza por confirmar que la obstrucción prostática explica los síntomas. El especialista revisará enfermedades cardiacas, diabetes, antecedentes de cirugía, infecciones, alergias y fármacos. Si toma anticoagulantes, se planificará de forma segura si deben mantenerse, ajustarse o suspenderse temporalmente. También es esencial tratar una infección urinaria antes de intervenir.

Tras la cirugía se deja una sonda vesical durante un periodo corto para permitir el drenaje y el lavado de la vejiga cuando sea necesario. El alta depende de la evolución, del aspecto de la orina y de la capacidad para orinar tras retirar la sonda. Algunos pacientes retoman actividades suaves pronto, pero conviene evitar esfuerzos intensos, bicicleta, relaciones sexuales y cargas pesadas durante el tiempo indicado por el urólogo.

Beber agua de forma adecuada, sin forzarse a cantidades excesivas, ayuda a mantener la orina clara. Durante la recuperación pueden aparecer pequeñas costras o sangrado intermitente al aumentar la actividad. Si hay fiebre, imposibilidad para orinar, coágulos abundantes, dolor intenso o sangrado que no cede, se debe contactar con el equipo médico sin demora.

La mejoría del chorro puede ser evidente desde el inicio, aunque la vejiga necesita tiempo para recuperar su funcionamiento, especialmente si llevaba meses o años trabajando contra una obstrucción. La urgencia y la frecuencia urinaria no siempre desaparecen de inmediato. El seguimiento permite distinguir una adaptación normal de una situación que necesita tratamiento adicional.

Láser, RTUP o REZUM: la decisión depende de su caso

La RTUP continúa siendo una técnica eficaz y consolidada para muchas próstatas de tamaño pequeño o medio. REZUM puede ser apropiado para pacientes seleccionados que buscan un tratamiento menos invasivo y aceptan que la mejoría sea progresiva. El láser, en especial HoLEP, gana relevancia cuando se busca una desobstrucción amplia, hay próstatas grandes o se prioriza un resultado duradero con un abordaje endoscópico.

No existe una técnica universalmente superior para todos. Una recomendación responsable debe explicar qué resultado puede esperar, qué efectos secundarios son más probables y qué alternativa encaja con sus antecedentes y objetivos. La experiencia del cirujano con la técnica propuesta es también un factor decisivo.

En Urología Mínima Invasiva, la valoración se centra en identificar la causa exacta de los síntomas y proponer un plan proporcional al problema. Si la próstata está afectando a su descanso, su autonomía o la salud de la vejiga, una consulta especializada permite pasar de la incertidumbre a una decisión informada y segura.

 
 
 

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